miércoles, 28 de diciembre de 2016

Este parque

Antes no la vi. La eliminé por "cuestiones de economía" sentimental. Luego de haber estado tan mal por Sol, no quería hundirme más y estar mal por alguien más. Aún no soltaba ese tema, recién este año puedo decir que lo he soltado. Pero la manera de soltarlo ha sido la peor, que es engancharse a algo, y, lo que es peor, algo dañino. ¿Por qué nos tuvimos que corromper así?
Ahora no tengo ganas de tomarla de vuelta. No quiero. Me gusta su compañía. Me gusta hablar con ella. No. Más bien, me gusta escucharla. Me gusta no tener que decir nada y que no importe. Me recuerda a la chica del carro. O más bien, la chica del carro me recuerda a ella. Estoy encontrando un patrón, la habilidad de hablar. La habilidad de escuchar. Algo lindo con las palabras. Escuchar. Disfrutar el momento. Hablar poco, o hablar de cosas "no tan importantes". Que no haya una exigencia de hablar.
Creo que quiero seguir así sin que nadie se tenga. Me agrada eso, por ahora. No quiero involucrarme en nada. Estoy en un momento de economía sentimental absoluta. No me siento capaz de manejar ni mis propias emociones. Bueno, exagero. Pero no puedo manejarlas lo suficientemente bien como para estar con alguien. No que quiera estar con alguien. Tampoco quiero. Necesito reconocerlo de todas maneras. No quiero ni puedo estar con alguien.
Este es un tiempo para solo hablar y descansar. Descansar mucho y perder esta sensación de cansancio que me invade todos los días.

lunes, 5 de diciembre de 2016

sábado, 3 de diciembre de 2016

Sentido y dirección

Yo no sé de qué va la vida. Tengo 20 años, estoy terminando mi sexto ciclo en la universidad (suelo equivocarme diciendo que es el quinto), tengo buenas notas excepto en un curso que inicia a las 9 am y al que a veces no llegué a ir puntualmente porque no podía despertarme. Aún no puedo despertarme a la hora que me gustaría. Hay días en los que solo tengo sueño.
Hay días buenos, en realidad. Cada vez hay más días buenos. Los momentos malos siempre están, pero la herramienta de bloquear los malos sentimientos y pensamientos funciona cada vez mejor.
Yo no sé de qué va la vida y, a veces, creo que eso me mantiene preocupado. Siento que los días pasan, hago cosas, las horas pasan bastante rápido, veo cómo todos los demás hacen cosas. Siempre hay cosas que hacer, todos siempre estamos haciendo cosas. A veces cuando pienso esto solo me pregunto cuál es el sentido de todo. La vida que veo en otros y en mi mismo es un movimiento continuo.
¿Pero cuál es el sentido del movimiento continuo?
Realizamos una acción sobre otra, una acción sobre otra. Somos como un río. Seguimos un camino.
¿Por qué lo hacemos?
¿Por seguir un sentido?
¿Cuál es el sentido de la flecha?

jueves, 1 de diciembre de 2016

si tú no eres asesinada
tendré que irme
tomaré la puerta
me llevaré todo el cuarto
lo pondré
todo en una maleta

si tú no eres asesinada
tendrás que decir adiós
romperé la puerta
tomaré el cuarto
el terno
me lo pondré en
una maleta

si tú no eres una puerta asesinada
tendré que ponerme el cuarto
romper el terno
decirle adiós a
tu maleta

epístola

Querido amigo,
te he escrito tantas veces que solo quisiera que no estuvieras harto de escucharme (o, en realidad, de leerme). Como me pediste (insistentemente), he tratado de escribirte más veces de las que me fue y es posible. Cada vez que me sentía mal y cada vez que no. Supongo que escribir(te) tiene cierto sentido.
Hoy es primero de diciembre. Despierto en un mundo, una variación del mundo que antes decía que "me parecía desconocido". Cada día lo siento menos, cada día nuevo que despierto siento que estoy en una continuación coherente de todo lo que he hecho antes.
Los primeros días eran rarísimos, despertar y recordar que ya no hablo ni interactúo de manera alguna con Lucía, quien finalmente aceptó que no es capaz de darme algo a la altura de lo que yo necesito que sea. Y yo acepté que ella no puede darme lo que yo quiero. Esto no es egocéntrico, al menos no extremamente. Se resumiría en que tenemos ideales de vida y posturas frente a ella que son distintas entre nosotros, y creo que no lo aceptábamos. Yo no lo aceptaba, al menos. Siempre me engañé, no sé si con consciencia o no, y quise creer que podíamos compartir una vida juntos. Pudimos hacerlos, pero todos los engaños terminan por desplomarse eventualmente.
Este engaño de vida ha sido el más duro de toda mi vida (hasta ahora) y me ha dejado lastimado y exhausto. No debí engañarme, pero no es algo que pueda ahora cambiar.
La primera vez que dejé a Lucía (quizás ahora acepte que la primera vez la dejé yo, pero como una medida de cambio que, en cierta manera, funcionó) no fue nada como ahora. Sentía ansiedad todos los días, lloraba a cada momento, la extrañaba todo el tiempo.
Ahora solo termino de entender que extraño al engaño que construí a su alrededor. A la idea de que ella era de una manera en la que no es, y eso no es su culpa, quizás (probablemente) mía, aunque repartir cosas no es muy funcional. Hace un tiempo decidí dejar de engañarme.
Ahora soy responsable, primero, conmigo mismo y luego con los demás. O quizás soy responsable en paralelo en estos dos sentidos. No lo sé.
Aunque al principio era bastante extraño pensar que todo este año lo he pasado con alguien que no existe en realidad, alguien que yo veía de una manera distinta, engañada, cada vez lo es menos.
También hay mucho agradecimiento hacia Lucía.
Pero, aunque odio las soluciones temporales, a veces pienso que me gustaría, de ser posible, ahorrarnos el dolor por el que pasamos juntos y por separado.
Ya no sé cómo está ella, no puedo saberlo, voy perdiendo el interés de quererlo, ya no me corresponde. Solo puedo contentarme con pensar que las cosas más importantes que pienso y que me gustaría decirle se las he dicho. Es lo único que siempre pude hacer: hablar.
No sé cómo terminar esta epístola, querido amigo. Pero sigue sin ser la última.
Siento que no quiero dejar de escribir(te)

martes, 29 de noviembre de 2016

el faro

El faro indica lo que más deseas


Nunca más mires esta puerta. Y pienses que puedes entrar.
Nunca más entres sin tocar la puerta.
Nunca más entres por la puerta. Nunca más mires la puerta
queriendo entrar. Nadie nunca te va a abrir.
Grita,
intenta pasar un papel debajo de ella.
Nadie lo va a leer.
Nada va a pasar por debajo de la puerta.
Nada nunca más verá la luz del día
más allá de la puerta.
Nunca más mires esta puerta
y pienses que se va abrir.
Nunca más vuelvas a esta puerta
nunca más vuelvas siquiera a tocarla.
Nunca más te preguntes
qué hay detrás
sabiendo
que nada hay
para ti.
Dentro tuyo no hay nada
que adentro de la puerta
se necesite
o se quiera.
nunca más soy una persona esperando en una sala
a que tú llegues.

yo ya no te espero
tú ya no existes
tú te fuiste, con tus rulos, tus faldas,
tus malos chistes,
tus falsas risas,
tus falsas maneras
de ser
tus falsas maneras de
tomar mi vida

tú, falsa manera de existencia,
ya no existes.

tú no eres sino una sombra en la puerta
asesinada por la luz del día
asesinada
por el sonido
asesinada
asesinada
asesinada
conscientemente
y,
con placer

Ya no te quiero, pequeña

Ya no te quiero, pequeña
             
Ya no te quiero, pequeña
ahora amo a los caballos.

Mañana amaré a las islas
y pasado será alguna ave.

(Tal vez en tres años
te vuelva a amar).

Y luego serán las vacas
pintas y luego serán
los minerales —tú sabes, el
cobre, el hierro, el—
y luego serán las ciudades
(alguna que otra jirafa)
y luego los puentes.

Antes un arcoiris que amarte, pequeña,
ya no te quiero
ahora amo a una mujer
que disuelve sus cuerpos
en las lluvias del otoño
iluminada/ anudada/ inundada
por el neón brillante
del poste de alumbrado público.

(Oh pequeña)
          ya no (te quiero
Oh mujer)
          ya no te quiero

sólo amo a las calles que me alientan
hacia la noche mientras la noche
ya no es noche sino mar y el mar
tumba de sonámbulos océanos, licor.



Mario Montalbetti

Día extraño

Hoy es un día importante por muchas razones. Para variar, cosa de estos días en realidad, no llegué a mi clase de las 9 am. A estas alturas del ciclo solo espero que no me jalen por inasistencias, aunque si lo hicieran no podría quejarme. O sea, sí podría pero sería tratar de verle la cara a la profesora. Desde este espacio oculto en internet le mando un saludo, profesora Claudia. Si tan solo pudiera entender que a veces no llego a su clase porque he pasado una noche porque tengo depresión. No quisiera que me disculpara de todo lo que no hago en la clase debido a esas razones, solo quizás un poquito más de comprensión. Y no ser reprobado del curso, si no es mucho pedir. 
Hoy también nos juntamos los alumnos de la carrera y hablamos de nuestra preocupación: ¿en qué malla estamos? En realidad siento que cada día que pasa, por suerte, nos conocemos mejor entre todos y nos volvemos un mejor grupo. Eso es bastante agradable.
Hoy almorcé con Gustavo, Jozina, Alonso, luego Gabi y amigo-de-Gabi.
Hoy comí helado y fui al cine con Gustavo. Vimos una película muy interesante sobre zombies. Las películas sobre zombies suelen ser muy acartonadas (espero estar expresándome de manera que me entiendan), en el sentido que tienen demasiada acción (Resident Evil) con o sin trama, o demasiado sentimiento (que ya banalizan la película como en Mi Novio Es Un Zombie). La película que vimos hoy tenía un lado muy humano. Aunque decir eso es un poco vago. Lo diré en palabras de Gustavo: "me gustó la película porque mostró una verdadera experiencia de un apocalipsis zombie". Lo que quiere decir Gustavo era que la película, de cierta manera, se quería acercar a la realidad, no a cosas demasiado mágicas y convenientes para la trama. Por eso murieron casi todos los personajes principales, con el dolor de Gustavo y el mío.
Pero hoy es un día importante porque descubrí que, ¡quién sabe cómo!, ya no puedo sentirme mal. Y quiero decirlo así: ya no puedo sentirme mal. Después del largo y cansadísimo día que he tenido, llegué a casa entre las 5 y las 6. No sé por qué pero me puse a escuchar canciones que antes me hacían llorar, canciones de la película Her. Empecé a pensar en cosas que antes me ponían triste y, sumado con las canciones, me hacían llorar. Pero no lloré. Solo me quedé allí descansado (porque había decidido tirarme en la cama para hacer todo esto). Solo descansé.
Ya no puedo llorar.
No sé qué pensar de esto.
Creo que estoy emocionado por eso.

lunes, 28 de noviembre de 2016

Her (2013)


2012

Realmente me despierto en una vida ajena. En una clase de Literatura que detesto, a la que no presto atención. Prefiero escribir estas cosas. Siento que escribir es algo estúpido pero parece ser útil. Tengo 20 años y sigo estancado en el 2012, aunque solo digo eso porque, en ese año como en este, solía escribir estos pretextos vacíos. Aunque ahora todo es diferente.
Y aún así hay cosas parecidas. Veo a una nueva doctora, la doc, otra doc me receta pastillas, les hablo todo lo que puedo, busco mucha ayuda, me apoyo en mis amigos, hago nuevas cosas. Porque cuando desperté en esta vida ajena, noté que todo a mi alrededor estaba destruido. Vivo en antiguas ruinas.

azul


No quiero conectarme nunca a redes (sociales). Es algo fastidioso. Es sentir, como leí en un libro de Comunicación de Santillana, que siempre estoy disponible. Y no siempre estoy disponible. Estando en las redes siento que estoy predispuesto a esperar una interacción. Siento que estoy dentro de una sala con la luz apagada, esperando que alguien cruce la puerta de la casa y prenda la luz. No me gusta esa dependencia. Supongo que me asusta, por la posibilidad de acostumbrarme a esa necesidad. Tengo miedo a aceptar y acostumbrarme a cosas que no sé si siempre estarán ahí.

domingo, 27 de noviembre de 2016

Querida L

Querida L, 

Despierto en un mundo muy extraño para mí, completamente ajeno. Es como si algo en toda mi vida se hubiera roto, como si hubiera perdido gran parte de mi vida que ahora tengo que recordar y recuperar.
Pienso en todas las cosas por las que quiero disculparme contigo. El dolor. Todo el dolor. Todo el dolor que causé en ti y todo el dolor que nos causamos mutuamente. Todo lo que dejé que cargaras y todas las cosas por las que te culpé. 
Las muchísimas cosas por las que te culpé constantemente. El haber sido parte de la destrucción de nuestra relación y de nuestra vida juntos. El no haber podido con nosotros. Todo lo que yo necesitaba que fueras o dijeras. Todo lo que te pedía que hicieras y que no hicieras constantemente, casi en contra de tu voluntad. 
Lamento haber esperado que fueras la persona que yo quería que fueses, la persona que pensé que eras al inicio de todo. Lamento haberte hecho perder el tiempo con tantas crisis y tantas tonterías que venían de mí. Lamento toda la presión que puse en ti. Lamento haberte exigido tantas cosas que yo quería de ti, pero que tú no querías ser o no querías darme; me advertías, pero yo seguía allí presionándote a ser lo que yo quería que fueses. Y eso nunca fue justo contigo. Lamento haberte pedido que seas de una manera que para mí es la adecuada, alejarte de tantas cosas que, si bien no son cosas en las que yo creeré nunca, son cosas que quieres hacer.
Lamento haber sido una oportunidad para que tuvieras esperanzas en las cosas de la vida, y haber fallado. Pero yo tampoco podía con esto, también fui injusto al mentirnos diciendo que podía aceptar todo lo que sucedía entre nosotros y a nuestro alrededor. Nos engañé y ese globo de aire lleno de parches con lo que yo decía que era posible simplemente se fue inflando e inflando. Yo lo llenaba de parches, decía que estábamos bien, pensaba que podíamos estar bien. Pero todas esas solo eran mentiras que terminaron por consumirnos a ambos. Lo siento por eso.
Lamento que ahora seamos dos extraños, las dos líneas que nunca llegan a cruzarse. Nunca quise que lo que pasaba entre nosotros nos causara todo el daño que hubo, nunca quise que hubiera tanto daño, si hubiera una forma de enmendarlo, lo haría, quizás a costa de lo que sea, con tal de evitarnos todo el dolor.
Lamento todo eso. Siempre te agradeceré porque crecimos juntos. Y me ayudaste a ser quien soy ahora. Solo quería agradecerte por ayudarme a alcanzar una vida. Por iniciar en mi la aspiración a vivir, una aspiración que hubo días que perdí, pero tú siempre estuviste allí para enmendarlo. Aún con todo el dolor que significó que los dos nos tratáramos de enmendar. No creo que lo hubiéramos podido lograr nunca, porque no tenemos las respuestas del otro. Pero te agradezco muchísimo por intentarlo. Por, de alguna manera, iniciar el cambio. Por mantenerme vivo e iniciar el camino por el que ahora quiero estarlo lo mayor posible.
En mi mente no sé quién eres. Solo sé que quería agradecerte por todo esto. Ojalá estés bien, como quieras estarlo, y tengas la libertad y todo lo que no pude darte. Todas las cosas que quieres. Que puedas alcanzarlas.

F

Querida M.,

hoy allí en el que solía ser tu cuarto observé tus fotografías. Te veías tan joven.
Hay muchas cosas que quiero decirte.
Quiero contarte todo lo que me ha pasado este año, y que me digas qué piensas.
Luego de que partieras, me aferré a una de las ideas más importantes que me enseñaste, pensando que eso haría que nadie nunca más partiera de mi lado. Pensé que ayudando a las personas a mi alrededor, poniendo todo mi cuerpo y mente en ayudar sería una solución contra la muerte. Que ya no perdería a nadie como todos te perdimos a ti, M. Pero eso solo hizo que yo mismo me acercara a la muerte, que incluso a veces la deseara. Y ahora, terminando el año, con una lista de acciones fracasadas y una lista de cosas desagradables en esta vida, estoy exhausto. Pero, al menos, ya no me quiero morir. Y ya he entendido que esa idea tuya que quise apropiarme no es perfecta, como ninguna idea lo será nunca. No sé dónde estés ahora. Pero de alguna forma siento que me has acompañado en todo el dolor que ha significado aprender que esa idea no sirve, al menos no por completo. Siento que ahora estás satisfecha, que estabas esperando que estuviera así para que lo aprendiera y creciera. Qué duro es crecer y qué duro es crecer sin poder verte nunca. Ya no pareces existir más que en el viejo cuarto donde ahora te homenajeamos, pero ahora estás al cuidado de mi hermana mayor. Yo creo que entre ustedes dos se cuidan bastante, eso debe ser lindo. Pero yo las extraño a las dos. Tendré que aferrarme a la idea que estoy aquí por el tiempo que me quede y hasta entonces no podré verlas, si es que en realidad podré volver a verlas en algún momento. Yo quiero creer que sí.

Esta no es la última vez que te escribo, y bien sabes que tampoco es la primera.

Poema de Blanca Varela

Si me escucharas

si me escucharas

tú muerto y yo muerta de ti

si me escucharas

hálito de la rueda
cencerro de la tempestad
burbujeo del cieno

viva insepulta de ti
con tu oído postrero

si me escucharas


De: Concierto Animal
Las cosas que no quieres saber están a la vuelta de la esquina.
Las cosas que no quieres saber están a la vuelta de la esquina.
Las cosas que no quieres saber están a la vuelta de la esquina.
Las cosas que no quieres saber están a la vuelta de la esquina.
Las cosas que no quieres saber están a la vuelta de la esquina.
Las cosas que no quieres saber están a la vuelta de la esquina.
Las cosas que no quieres saber están a la vuelta de la esquina.
Las cosas que no quieres saber están a la vuelta de la esquina.
Las cosas que no quieres saber están a la vuelta de la esquina.
Las cosas que no quieres saber están a la vuelta de la esquina.
Las cosas que no quieres saber están a la vuelta de la esquina.
Las cosas que no quieres saber están a la vuelta de la esquina.
Aléjate. Huye. Corre lo más que puedas.
Las cosas que no quieres saber están a la vuelta de la esquina.
Las cosas que no quieres saber están a la vuelta de la esquina.
Las cosas que no quieres saber están a la vuelta de la esquina.
Las cosas que no quieres saber están a la vuelta de la esquina.
Huye.

Sus lados oscuros

Querida Lucía,

hace unos cuantos textos atrás pensé que había decidido no escribirte más. Pero quiero marcar con eso una distinción importantísima: no estoy escribiendo a la Lucía-que-"existe", sino a la Lucía-de-mi-mente. La Lucía como objeto de la promesa que no existe ni existió nunca es la persona (aunque inexistente) a quien escribo. Con aquella Lucía fui tan feliz este año hasta que me di cuenta que no existía, que la Lucía-que-"existe" era una mala mentira, una de las mentiras más grandes que he encontrado en mi vida y un daño constante para mi y para las personas que la rodean. Y estoy enojado y decepcionado conmigo por permitirme mantener una relación con una persona como la Lucía-que-"existe".
Esa distinción es para marcar que todo esto, este texto y los futuros (si hay), son para la Lucía-no-existente, la Lucía-sujeto-de-promesa.
Esta última noche tuve un sueño extrañísimo, sobre la Lucía desagradable, la Lucía-que-"existe". Estábamos los dos en el pasto de fuera de mi casa y teníamos todos sus secretos convertidos en periódicos (espero que esto se entienda). De alguna manera sus secretos se convirtieron en periódicos que teníamos entre las manos. O algo así, que uno no recuerda los sueños plenamente y mucho menos yo. Entonces, y lo siguiente es tan curiosamente simbólico, tomamos los periódicos y los rompimos en pedazos lo más pequeños posibles. Fuimos hacia las bolsas de basura y ahí pusimos los pedacitos. Había alguien observándonos. Era una señora vieja, viejísima, y macabra. Solo nos observaba desde la calle mientras hacíamos esa acción de romper y botar. En un momento se acerca demasiado a nosotros y yo la empujo, ella se cae en la calle y, literalmente por obra de magia, desaparece. Vuelve a aparecer mirándonos desde el techo del edificio (donde está mi departamento). Allí entiendo que ella es como una fuerza malévola. Parece que ambos la conocemos, así que nos asustamos al reconocerla. No sé qué significa nada de eso. Pero sabemos que nos quiere y puede hacer daño, así que le rogamos, desde el primer piso del edificio mirando hacia el techo, que no lo haga. Nos observa con una sonrisa y mirada macabras. Luego parece que atiende al ruego, y desaparece. Lucía-que-"existe" entra al departamento, entra al cuarto y duerme en la cama de mi hermano. Yo le digo que deberíamos tomar pedazos de los periódicos, pedazos de sus secretos, sus mentiras, las cosas feas que sé y he pasado con ella, y deberíamos esparcir (los pedazos) porque, si no, alguien podría juntar las partes y descubrir de ella todo lo que está ahí. Todo lo que ella me ha ocultado tanto tiempo, y ha ocultado de todos. Su vida sin secretos, o al menos sin muchos secretos. Ella dice que está cansada y que no me preocupe, pero yo decido quedarme ahí. Tengo miedo que alguien descubra todos sus secretos, porque creo que es peligroso que alguien lo sepa todo. No sé por qué, por alguna razón pienso que la pueden extorsionar  o maltratar psicológicamente como antes ha pasado en la realidad. Entonces me quedo, abro las bolsas de basura y guardo en mis bolsillos algunos pedazos de periódicos, esos periódicos que parecen contener materialmente sus secretos, sus lados oscuros. Tomo otros pedazos de periódicos y los suelto en el viento, para que algunos pedazos los tenga yo y otros simplemente vuelen en el aire y así se pierdan.
Pero me siento observado.
De la oscuridad, porque era de noche y estaba oscuro, surgen algunas figuras conocidas. Son personas que nos han traído problemas a Lucía y a mi. En realidad, personas que han traído problemas a Lucía, personas que he tratado de alejar de ella para que ella esté bien (esto quiere decir que le aconsejaba que se alejara de aquellos que la dañan, nada más que eso). Yo las conozco. Son todos hombres, que yo recuerde. Son algunos de sus amigos, algunos conocidos, todos problemáticos para su vida. Son chicos que ahora sé que, en su mayoría, conoció por internet. Ahora son para mi personas oscuras, personas potencialmente peligrosas, personas a las que temo por lo que le puedan provocar a ella. Quieren saber qué hago. No recuerdo si les explico o no, pero ellos empiezan a ver las bolsas de basura y empiezan a tomar los pedazos. Está pasando lo que no deseo, están apoderándose de los lados oscuros de Lucía, esos que recién en estos últimos tiempos he llegado a conocer mejor. Esto es peligroso para ella, que otras personas conozcan sus secretos, sus vacíos, sus debilidades, su difícil historia. Estas personas pueden dañarla.
Corro a buscarla. Corro a buscarla. Corro a buscarla. Corro a buscarla.
Entro al departamento, corro hacia la habitación que mi hermano y yo compartimos y la busco desesperado.
Está plácidamente dormida. Casi congelada en el tiempo, está recostada hacia la derecha. Sus ojos están finamente cerrados, su cuerpo perfectamente colocado como lo recuerdo. No hay ningún ruido fuera del cuarto, aunque siento que las personas que he dejado rebuscando en la basura son como lobos hambrientos que pronto vendrán a atacarnos. O siento que ya lo están haciendo. Ya se acercan.
Rompo todo el silencio y la calma de ese lugar casi atemporal y también el silencio de su cuerpo dormido. Estoy desesperado y la sacudo un poco para que se despierte, aunque sin moverla demasiado para no despertarla con demasiada fuerza. Ella abre lentamente los ojos, quiere seguir durmiendo pero me hace caso, sabe que es importante. Me sorprendo de que no me grite, está ahora despierta pero todo sigue en silencio, despacio, ahora está plácidamente despierta. Siento que la Lucía-que-"existe" en ese momento, en ese sueño, en esa habitación, es la Lucía-sujeto-de-promesa. Siento que ella es todo lo que siempre creí que era y no sus mentiras. Las mentiras están ahí en bolsas, yo tengo pedazos de esas historias, pero eso no significa que ella no pueda ser Lucía-sujeto-de-promesa. ¿Hay un cambio? Ella me mira con calma, con amor incluso y me pide que me calme. Le explico la situación y me sigue mirando con amor. Me dice que me calme, que no hay ningún problema. Lentamente desaparece toda imagen posible.
Y despierto.

martes, 22 de noviembre de 2016

Estoy decepcionado de todas tus mentiras.
Decepcionado de haber pasado todo el año
con alguien a quien me ocupé por completo
quien se ocupó de mi por completo
pero que vivía mintiéndome.
Y yo me entero
y me siento idiota.

domingo, 20 de noviembre de 2016

te perdimos

Ojalá esta sea la última vez que te escribo.

Querida Lucía,
Ya ha pasado un considerable tiempo desde que dejamos de frecuentarnos. Mi familia ya está al tanto de los hechos (los más relevantes, los "escándalos" no interesan aquí). La tuya tiene una parte de la historia, una de las peores partes, la parte en la que yo soy todo el problema. Eso no me parece justo pero tampoco puedo decir que yo no fui parte importante de nuestros nudos. En cualquier caso, no me corresponde ni me interesa aclararle a nadie cosas tontas como la culpabilidad. Es lo de menos.
No sé realmente qué quiero decir aquí.
Empecemos por las cosas buenas.
En realidad esta no es una carta para la "verdadera" Lucía como para mi Lucía. Mi Lucía reside únicamente en un lugar en mi mente, entre los recuerdos de los primeros meses que nos conocimos y alguna que otra luz de los últimos que pasamos juntos. Porque la "verdadera" Lucía seguro no tiene ningún interés por mi ni por lo que le pueda comunicar. Eso tampoco importa, solo es una aclaración.
Pero lo que sí importa es el debate entre la "verdadera" y mi Lucía. Con la "verdadera" Lucía todo se destruyó fuertemente, y se llevó una parte de ambos. Ambos perdimos a mi Lucía. Mi Lucía la de las falditas lindas, la que apreciaba tanto mi camisa favorita de bolitas, la que cuidaba con celos su labial de Mac, la que no me recriminaba por lo que soy y, al mismo tiempo, por lo que no puedo ser. Esa chica de rulos y ojos bonitos se perdió en la inmensidad de la existencia, quizás del tiempo, quizás en los cambios psicológicos de nosotros dos personas enfermas con una tristeza que parece intrínseca. Y yo intenté quedarme en ese lugar, entre el dolor y la tristeza, para sacarte de ahí porque yo te amaba como nunca. Pero en mi testarudo intento de lograr lo imposible (salvarte solo contando conmigo mismo) me permití perderme e identificarme con ese dolor y volverme uno con él. Eso hizo que vieras en mi el monstruo que para ti fui, porque estaba inundado de dolor y miedo de perderte. Cada día era una batalla y nuestra vida juntos era la guerra no solo de mantenerte conmigo, sino de mantenerte viva y feliz.
Al menos eso es lo que yo sé.

Hay un punto importante.
Importantísimo.

¿Por qué, como antes, como la primera vez que terminamos, no me pongo todos los días a llorar y a estar deprimido pensando que voy a morirme pronto (y, a veces, queriéndolo)?

Es sencillo. Más o menos. Al menos para mi lo es.

Porque hay algo más grande que ti. Más grande incluso que mi mismo.

Mi meta nunca fuiste tú, ni siquiera lo soy yo. Mi meta es mi vida, una vida que está en relación con la de otros.
Además, ahora estoy tranquilo sabiendo que agoté todo contigo y que has decidido, quiero pensar que conscientemente, no estar contigo. Yo quiero que puedas estar de lo mejor. Yo quisiera para ti únicamente lo mejor, aunque mis criterios de eso nunca te gustaron y tú querías una vida distinta a la que yo me imaginaba contigo. Por forzar a que aceptaras lo que yo te proponía, lo siento mucho. Por todos los momentos en los que no te di amor, lo siento muchísimo.
Ahora cada uno es libre de decidir y elegir por su parte, porque eso es lo que ambos hemos decidido.
De nuevo, espero que puedas estar de lo mejor. Aunque eso ya no me corresponde.
Aunque ya no nos correspondemos.

Donde quiera que estés, te mando solo amor.

Mi Lucía

sábado, 19 de noviembre de 2016

Este blog lo estoy abriendo para revivir un blog anterior que solo vivió un tiempo.