miércoles, 28 de diciembre de 2016

Este parque

Antes no la vi. La eliminé por "cuestiones de economía" sentimental. Luego de haber estado tan mal por Sol, no quería hundirme más y estar mal por alguien más. Aún no soltaba ese tema, recién este año puedo decir que lo he soltado. Pero la manera de soltarlo ha sido la peor, que es engancharse a algo, y, lo que es peor, algo dañino. ¿Por qué nos tuvimos que corromper así?
Ahora no tengo ganas de tomarla de vuelta. No quiero. Me gusta su compañía. Me gusta hablar con ella. No. Más bien, me gusta escucharla. Me gusta no tener que decir nada y que no importe. Me recuerda a la chica del carro. O más bien, la chica del carro me recuerda a ella. Estoy encontrando un patrón, la habilidad de hablar. La habilidad de escuchar. Algo lindo con las palabras. Escuchar. Disfrutar el momento. Hablar poco, o hablar de cosas "no tan importantes". Que no haya una exigencia de hablar.
Creo que quiero seguir así sin que nadie se tenga. Me agrada eso, por ahora. No quiero involucrarme en nada. Estoy en un momento de economía sentimental absoluta. No me siento capaz de manejar ni mis propias emociones. Bueno, exagero. Pero no puedo manejarlas lo suficientemente bien como para estar con alguien. No que quiera estar con alguien. Tampoco quiero. Necesito reconocerlo de todas maneras. No quiero ni puedo estar con alguien.
Este es un tiempo para solo hablar y descansar. Descansar mucho y perder esta sensación de cansancio que me invade todos los días.

lunes, 5 de diciembre de 2016

sábado, 3 de diciembre de 2016

Sentido y dirección

Yo no sé de qué va la vida. Tengo 20 años, estoy terminando mi sexto ciclo en la universidad (suelo equivocarme diciendo que es el quinto), tengo buenas notas excepto en un curso que inicia a las 9 am y al que a veces no llegué a ir puntualmente porque no podía despertarme. Aún no puedo despertarme a la hora que me gustaría. Hay días en los que solo tengo sueño.
Hay días buenos, en realidad. Cada vez hay más días buenos. Los momentos malos siempre están, pero la herramienta de bloquear los malos sentimientos y pensamientos funciona cada vez mejor.
Yo no sé de qué va la vida y, a veces, creo que eso me mantiene preocupado. Siento que los días pasan, hago cosas, las horas pasan bastante rápido, veo cómo todos los demás hacen cosas. Siempre hay cosas que hacer, todos siempre estamos haciendo cosas. A veces cuando pienso esto solo me pregunto cuál es el sentido de todo. La vida que veo en otros y en mi mismo es un movimiento continuo.
¿Pero cuál es el sentido del movimiento continuo?
Realizamos una acción sobre otra, una acción sobre otra. Somos como un río. Seguimos un camino.
¿Por qué lo hacemos?
¿Por seguir un sentido?
¿Cuál es el sentido de la flecha?

jueves, 1 de diciembre de 2016

si tú no eres asesinada
tendré que irme
tomaré la puerta
me llevaré todo el cuarto
lo pondré
todo en una maleta

si tú no eres asesinada
tendrás que decir adiós
romperé la puerta
tomaré el cuarto
el terno
me lo pondré en
una maleta

si tú no eres una puerta asesinada
tendré que ponerme el cuarto
romper el terno
decirle adiós a
tu maleta

epístola

Querido amigo,
te he escrito tantas veces que solo quisiera que no estuvieras harto de escucharme (o, en realidad, de leerme). Como me pediste (insistentemente), he tratado de escribirte más veces de las que me fue y es posible. Cada vez que me sentía mal y cada vez que no. Supongo que escribir(te) tiene cierto sentido.
Hoy es primero de diciembre. Despierto en un mundo, una variación del mundo que antes decía que "me parecía desconocido". Cada día lo siento menos, cada día nuevo que despierto siento que estoy en una continuación coherente de todo lo que he hecho antes.
Los primeros días eran rarísimos, despertar y recordar que ya no hablo ni interactúo de manera alguna con Lucía, quien finalmente aceptó que no es capaz de darme algo a la altura de lo que yo necesito que sea. Y yo acepté que ella no puede darme lo que yo quiero. Esto no es egocéntrico, al menos no extremamente. Se resumiría en que tenemos ideales de vida y posturas frente a ella que son distintas entre nosotros, y creo que no lo aceptábamos. Yo no lo aceptaba, al menos. Siempre me engañé, no sé si con consciencia o no, y quise creer que podíamos compartir una vida juntos. Pudimos hacerlos, pero todos los engaños terminan por desplomarse eventualmente.
Este engaño de vida ha sido el más duro de toda mi vida (hasta ahora) y me ha dejado lastimado y exhausto. No debí engañarme, pero no es algo que pueda ahora cambiar.
La primera vez que dejé a Lucía (quizás ahora acepte que la primera vez la dejé yo, pero como una medida de cambio que, en cierta manera, funcionó) no fue nada como ahora. Sentía ansiedad todos los días, lloraba a cada momento, la extrañaba todo el tiempo.
Ahora solo termino de entender que extraño al engaño que construí a su alrededor. A la idea de que ella era de una manera en la que no es, y eso no es su culpa, quizás (probablemente) mía, aunque repartir cosas no es muy funcional. Hace un tiempo decidí dejar de engañarme.
Ahora soy responsable, primero, conmigo mismo y luego con los demás. O quizás soy responsable en paralelo en estos dos sentidos. No lo sé.
Aunque al principio era bastante extraño pensar que todo este año lo he pasado con alguien que no existe en realidad, alguien que yo veía de una manera distinta, engañada, cada vez lo es menos.
También hay mucho agradecimiento hacia Lucía.
Pero, aunque odio las soluciones temporales, a veces pienso que me gustaría, de ser posible, ahorrarnos el dolor por el que pasamos juntos y por separado.
Ya no sé cómo está ella, no puedo saberlo, voy perdiendo el interés de quererlo, ya no me corresponde. Solo puedo contentarme con pensar que las cosas más importantes que pienso y que me gustaría decirle se las he dicho. Es lo único que siempre pude hacer: hablar.
No sé cómo terminar esta epístola, querido amigo. Pero sigue sin ser la última.
Siento que no quiero dejar de escribir(te)