domingo, 27 de noviembre de 2016

Sus lados oscuros

Querida Lucía,

hace unos cuantos textos atrás pensé que había decidido no escribirte más. Pero quiero marcar con eso una distinción importantísima: no estoy escribiendo a la Lucía-que-"existe", sino a la Lucía-de-mi-mente. La Lucía como objeto de la promesa que no existe ni existió nunca es la persona (aunque inexistente) a quien escribo. Con aquella Lucía fui tan feliz este año hasta que me di cuenta que no existía, que la Lucía-que-"existe" era una mala mentira, una de las mentiras más grandes que he encontrado en mi vida y un daño constante para mi y para las personas que la rodean. Y estoy enojado y decepcionado conmigo por permitirme mantener una relación con una persona como la Lucía-que-"existe".
Esa distinción es para marcar que todo esto, este texto y los futuros (si hay), son para la Lucía-no-existente, la Lucía-sujeto-de-promesa.
Esta última noche tuve un sueño extrañísimo, sobre la Lucía desagradable, la Lucía-que-"existe". Estábamos los dos en el pasto de fuera de mi casa y teníamos todos sus secretos convertidos en periódicos (espero que esto se entienda). De alguna manera sus secretos se convirtieron en periódicos que teníamos entre las manos. O algo así, que uno no recuerda los sueños plenamente y mucho menos yo. Entonces, y lo siguiente es tan curiosamente simbólico, tomamos los periódicos y los rompimos en pedazos lo más pequeños posibles. Fuimos hacia las bolsas de basura y ahí pusimos los pedacitos. Había alguien observándonos. Era una señora vieja, viejísima, y macabra. Solo nos observaba desde la calle mientras hacíamos esa acción de romper y botar. En un momento se acerca demasiado a nosotros y yo la empujo, ella se cae en la calle y, literalmente por obra de magia, desaparece. Vuelve a aparecer mirándonos desde el techo del edificio (donde está mi departamento). Allí entiendo que ella es como una fuerza malévola. Parece que ambos la conocemos, así que nos asustamos al reconocerla. No sé qué significa nada de eso. Pero sabemos que nos quiere y puede hacer daño, así que le rogamos, desde el primer piso del edificio mirando hacia el techo, que no lo haga. Nos observa con una sonrisa y mirada macabras. Luego parece que atiende al ruego, y desaparece. Lucía-que-"existe" entra al departamento, entra al cuarto y duerme en la cama de mi hermano. Yo le digo que deberíamos tomar pedazos de los periódicos, pedazos de sus secretos, sus mentiras, las cosas feas que sé y he pasado con ella, y deberíamos esparcir (los pedazos) porque, si no, alguien podría juntar las partes y descubrir de ella todo lo que está ahí. Todo lo que ella me ha ocultado tanto tiempo, y ha ocultado de todos. Su vida sin secretos, o al menos sin muchos secretos. Ella dice que está cansada y que no me preocupe, pero yo decido quedarme ahí. Tengo miedo que alguien descubra todos sus secretos, porque creo que es peligroso que alguien lo sepa todo. No sé por qué, por alguna razón pienso que la pueden extorsionar  o maltratar psicológicamente como antes ha pasado en la realidad. Entonces me quedo, abro las bolsas de basura y guardo en mis bolsillos algunos pedazos de periódicos, esos periódicos que parecen contener materialmente sus secretos, sus lados oscuros. Tomo otros pedazos de periódicos y los suelto en el viento, para que algunos pedazos los tenga yo y otros simplemente vuelen en el aire y así se pierdan.
Pero me siento observado.
De la oscuridad, porque era de noche y estaba oscuro, surgen algunas figuras conocidas. Son personas que nos han traído problemas a Lucía y a mi. En realidad, personas que han traído problemas a Lucía, personas que he tratado de alejar de ella para que ella esté bien (esto quiere decir que le aconsejaba que se alejara de aquellos que la dañan, nada más que eso). Yo las conozco. Son todos hombres, que yo recuerde. Son algunos de sus amigos, algunos conocidos, todos problemáticos para su vida. Son chicos que ahora sé que, en su mayoría, conoció por internet. Ahora son para mi personas oscuras, personas potencialmente peligrosas, personas a las que temo por lo que le puedan provocar a ella. Quieren saber qué hago. No recuerdo si les explico o no, pero ellos empiezan a ver las bolsas de basura y empiezan a tomar los pedazos. Está pasando lo que no deseo, están apoderándose de los lados oscuros de Lucía, esos que recién en estos últimos tiempos he llegado a conocer mejor. Esto es peligroso para ella, que otras personas conozcan sus secretos, sus vacíos, sus debilidades, su difícil historia. Estas personas pueden dañarla.
Corro a buscarla. Corro a buscarla. Corro a buscarla. Corro a buscarla.
Entro al departamento, corro hacia la habitación que mi hermano y yo compartimos y la busco desesperado.
Está plácidamente dormida. Casi congelada en el tiempo, está recostada hacia la derecha. Sus ojos están finamente cerrados, su cuerpo perfectamente colocado como lo recuerdo. No hay ningún ruido fuera del cuarto, aunque siento que las personas que he dejado rebuscando en la basura son como lobos hambrientos que pronto vendrán a atacarnos. O siento que ya lo están haciendo. Ya se acercan.
Rompo todo el silencio y la calma de ese lugar casi atemporal y también el silencio de su cuerpo dormido. Estoy desesperado y la sacudo un poco para que se despierte, aunque sin moverla demasiado para no despertarla con demasiada fuerza. Ella abre lentamente los ojos, quiere seguir durmiendo pero me hace caso, sabe que es importante. Me sorprendo de que no me grite, está ahora despierta pero todo sigue en silencio, despacio, ahora está plácidamente despierta. Siento que la Lucía-que-"existe" en ese momento, en ese sueño, en esa habitación, es la Lucía-sujeto-de-promesa. Siento que ella es todo lo que siempre creí que era y no sus mentiras. Las mentiras están ahí en bolsas, yo tengo pedazos de esas historias, pero eso no significa que ella no pueda ser Lucía-sujeto-de-promesa. ¿Hay un cambio? Ella me mira con calma, con amor incluso y me pide que me calme. Le explico la situación y me sigue mirando con amor. Me dice que me calme, que no hay ningún problema. Lentamente desaparece toda imagen posible.
Y despierto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario