Querido amigo,
te he escrito tantas veces que solo quisiera que no estuvieras harto de escucharme (o, en realidad, de leerme). Como me pediste (insistentemente), he tratado de escribirte más veces de las que me fue y es posible. Cada vez que me sentía mal y cada vez que no. Supongo que escribir(te) tiene cierto sentido.
Hoy es primero de diciembre. Despierto en un mundo, una variación del mundo que antes decía que "me parecía desconocido". Cada día lo siento menos, cada día nuevo que despierto siento que estoy en una continuación coherente de todo lo que he hecho antes.
Los primeros días eran rarísimos, despertar y recordar que ya no hablo ni interactúo de manera alguna con Lucía, quien finalmente aceptó que no es capaz de darme algo a la altura de lo que yo necesito que sea. Y yo acepté que ella no puede darme lo que yo quiero. Esto no es egocéntrico, al menos no extremamente. Se resumiría en que tenemos ideales de vida y posturas frente a ella que son distintas entre nosotros, y creo que no lo aceptábamos. Yo no lo aceptaba, al menos. Siempre me engañé, no sé si con consciencia o no, y quise creer que podíamos compartir una vida juntos. Pudimos hacerlos, pero todos los engaños terminan por desplomarse eventualmente.
Este engaño de vida ha sido el más duro de toda mi vida (hasta ahora) y me ha dejado lastimado y exhausto. No debí engañarme, pero no es algo que pueda ahora cambiar.
La primera vez que dejé a Lucía (quizás ahora acepte que la primera vez la dejé yo, pero como una medida de cambio que, en cierta manera, funcionó) no fue nada como ahora. Sentía ansiedad todos los días, lloraba a cada momento, la extrañaba todo el tiempo.
Ahora solo termino de entender que extraño al engaño que construí a su alrededor. A la idea de que ella era de una manera en la que no es, y eso no es su culpa, quizás (probablemente) mía, aunque repartir cosas no es muy funcional. Hace un tiempo decidí dejar de engañarme.
Ahora soy responsable, primero, conmigo mismo y luego con los demás. O quizás soy responsable en paralelo en estos dos sentidos. No lo sé.
Aunque al principio era bastante extraño pensar que todo este año lo he pasado con alguien que no existe en realidad, alguien que yo veía de una manera distinta, engañada, cada vez lo es menos.
También hay mucho agradecimiento hacia Lucía.
Pero, aunque odio las soluciones temporales, a veces pienso que me gustaría, de ser posible, ahorrarnos el dolor por el que pasamos juntos y por separado.
Ya no sé cómo está ella, no puedo saberlo, voy perdiendo el interés de quererlo, ya no me corresponde. Solo puedo contentarme con pensar que las cosas más importantes que pienso y que me gustaría decirle se las he dicho. Es lo único que siempre pude hacer: hablar.
No sé cómo terminar esta epístola, querido amigo. Pero sigue sin ser la última.
Siento que no quiero dejar de escribir(te)
No hay comentarios:
Publicar un comentario